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Música para nuestros bebés

Alrededor de las veinte semanas de vida el bebé ya escucha los latidos del corazón de mamá como un tambor gigante y perpetuo. Reconoce su voz, su respiración, los sonidos de su aparato digestivo. Todo lo que el bebé escucha antes de salir a la luz es su gran fuente de información.

Escuchando desde ahí dentro

Si el bebé escucha buena música, los beneficios a los que accederá serán innumerables.
La percepción musical genera infinitas respuesta, impredecibles, vinculadas a lo que será su capacidad intelectual futura y su capacidad de desarrollo sensorial a mediano plazo, con lo cual el bebé empieza a “aprender”. El bebé es un gran investigador. Si después de nacer ponemos a su alcance objetos sonoros de diferentes texturas, colores, formas y timbres – su exploración le generará sensaciones y conclusiones significativas muy importantes para el desarrollo de su pensamiento en el futuro. Lo táctil y lo visual, complementarán su experiencia auditiva. ¿Qué significa buena música para su bebé? ¿Tchaycovski? No, la música para su bebe es toda aquella que está hecha de calidad, con instrumentos originales, no con teclados que sintetizan cuerdas y vientos, sino aquella que es cantada con afinación y escuchada con claridad y nitidez.

Bueno Música es nuestro folclore y folclore en general, es bueno y bello. A parte de Mozart, infinitamente recomendamos están Bach, Haendel, Telemann, Beethoven, Schumann, Debussy y todo aquel repertorio lúdico que nos parezca estimulante, rico y “con buena onda”.
Obviamente, todos los compositores han creado obras con diversos “mensajes musicales”: dramáticos, explícitos en un contenido  positivo, poético o religioso. En medio de todo ello, el objetivo es buscar obras que nos gusten mucho, muchísimo. ¡Hay tantas! Y a la vez sean apropiadas para niños. Nosotros tenemos la suerte de vivir en un país muy rico en expresión musical.
¿Qué les parece poner al bebé a escuchar a Chabuca Granda cantando suavecito “Ahí va Martín y su mula”, lindo ¿Verdad? Y, nuestra  percusión, la música andina y todo lo que nos falta por conocer – y difundir – de la música de la selva. Tenemos mucho por escuchar.
Sin embargo, de todo lo que el niño oye, la voz de la mamá ó papá cantándole con amor, es lo más grato. Pruébelo. Cántele una canción de cuna o una que ustedes les encante, y que la emoción musical se transmita.
La música está en cada uno de los seres vivos, es anterior al lenguaje. Los pájaros cantan con patrones rítmicos similares, en escalas pentatónicas, sin “disonancias” para una audición convencional. Las ballenas “cantan” con estructuras melódicas cromáticas. Es decir, el sustrato de las composiciones tanto de aves, como de cetáceos son las mismas que las de nosotros.
Hay otros beneficios. Cuando el bebé recibe de su entorno un contenido musical apropiado, es más consciente de las posibilidades que el cuerpo le brinda.
Así el movimiento corporal que la música le suscita, lo hace conectarse mejor consigo mismo, con sus posibilidades de expresión y placer, ganar flexibilidad, fortaleza y equilibrio. Y probablemente, lo más importante, le permite sentir que es parte de un todo, de un contexto grato en el cual se le divierte, se le canta, se le quiere.


 

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